24 jul. 2012

Pequeño abril

duerme de noche y todo lo hace bien. Nunca lo vi llorar pero sé que quiere. Pequeño abril está en mis ojos y su voz es  la única que puedo recordar. Es magia, culpa y soledad. Recorre despacio la ciudad y me ve cuando no lo veo. Respira fuerte en mi espalda y en el momento que empieza a amar, me sonríe y jugamos una carrera.
Pequeño abril tiene un lugar en mi cuerpo. Es el perdón, la perseverancia y el énfasis. Le pateo la puerta, y viene. Me desarmo con la dignidad. Actúa para mí y se convence en el adiós. “Fui más que un lugar en tu pecho, un abismo de sol”. Viaja por el suelo y se arrincona en mi colchón.
Pequeño abril nunca fue pequeño pero el título quedaba bien. Muere en mí y vivo en él. Tiene que morir en el guión pero la escena parece no llegar nunca.
Lo miro y sabe que ya me agoté, que siempre pierdo. Entonces afina la guitarra y brilla para mí (o eso intenta). “Gracias por el desayuno eterno abril”. Y no crece, y yo tampoco. Si todo termina, nosotros también. Si el acepta que no soy nada y yo también me lo creo, nos perdemos para siempre

1 comentario:

● La que te regala rosas sin espinas. dijo...

¡Qué lindo encontrar éste tipo de blog, con tanto por leer!.. Te sigo, :)