27 jul. 2011

Sentir la eternidad

Esquivo los autos como personas y las personas me esquivan a mí como si no fuera nadie. Es que realmente soy nadie. Mi angustia es ajena a ellos.
¿Hoy quién quiere ver llorar?
Tengo alergia. Me pica la nariz, la cabeza, los ojos, las mejillas, la boca.
 Tengo alergia de amor.
Lloro por otras cosas, es difícil de explicar. 
Te encuentro y también me encuentro con mucho más.
Nunca termina. Eso no me pone triste, solo me hace llorar. Siempre lloro mucho. No sirvo ni para romper cosas. Soy puro escándalo lagrimal, que ni siquiera. Te juego de callada. 
Me das alergia y te pido que te alegres, porque no sabes a desparacitario. Sabes a aspirineta.
Sabes a todo eso que no sabía nada. Picazón de la ansiedad. 
Todo tan insulso hasta que volves a sentir despacito lo dulce, lo amargo, lo agrio, lo ácido.
Está sucediendo. A veces a la gente le pasa que cuando empieza a sonreír, sonríe tanto, tanto mi amor, que sin querer se olvida de lo que también tenía en sus manos. Pero esa es otra historia que no conozco, algo tuyo que dejaste ir, para agarrarme a mí. No más que eso.
Lo siento en todo el cuerpo. Son besos diferentes.
 Después de pelear con almohadas, taparnos, destaparnos, vestirnos y desvestirnos, arrancarnos y rasguñarnos, me das ese beso mojado y cortito.
Mojado y cortito. Y me hablas con ese beso. Me decís tanto en 3 segundos. 
Son palabras que prefiero no entender, pero llegan.
 Te sonrío como idiota. Te pido perdón por idiota.
Perdón por no haber sonreído antes. Que más hubiera querido yo que encontrarte antes para arrepentirme después, cuando nos cansemos de tocarnos y querernos.
Aunque apenas comience, puedo imaginarme el final, el lamento de no haberte conocido diez años más tarde para poder vivir con vos y llenarnos de sueños, que terminarían en algún otro deseo que no se llama ni vos ni yo...